viernes, 19 de julio de 2013
Aikido: Preguntas y Respuestas. Doshu Moriteru Ueshiba.
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miércoles, 5 de junio de 2013
Entrevista corta a Tamura Sensei.
Transcripción:
- " El Aikido es un viaje personal, evito venderlo. "
- " Solo practícalo y siéntelo. Si no lo sientes no puedes entenderlo. "
- " Si piensas demasiado separas tu mente y tu cuerpo, el Aikido los une. "
- " Enseñamos lo que aprendimos en Japón, pero existe mas de una manera de enseñar, tu lo sabes... "
- " En Japón los maestros no explican, dicen, si no entiendes por medio de la observación, no lo harás por medio de una explicación. "
- " En la vida si algo te gusta lo buscarás. "
- " Quiero que disfrutes de la práctica, pero nadie puede hacerte disfrutar del proceso, debes elegir disfrutarlo primero, debes cambiar tu corazón. "
- " Todo en la vida necesita un centro, debes poner un centro en algún lugar. En nuestro cuerpo el Seika Tandem justo debajo de nuestro ombligo es nuestro centro. Un centro fuerte está inmovil, con un centro potente el resto puede moverse libremente. "
- " Practico Aikido porque me mantiene saludable. Un hombre anciano debe mantenerse saludable. "
- " Si has encontrado el Aikido me gustaría que continuaras, pero no se trata de lo que yo quiera sino de lo que tú desees. Al fin y al cabo es tu Aikido, lo que yo haga o piense no es lo importante. "
Sensei Nobuyoshi Tamura
jueves, 16 de mayo de 2013
Proceso natural de "madurez" de la técnica.
por Endo Seishiro Shihan.
“Existe un concepto de “SHU” (permanencia), “HA” (rotura) y “RI” (libertad), que describe cómo un individuo se envuelve en la “forma” al entrenar. “SHU” es el proceso por el cual seguimos las formas fielmente e intentamos dominar los fundamentos del arte. Es la llamada etapa de aprendizaje.
“Existe un concepto de “SHU” (permanencia), “HA” (rotura) y “RI” (libertad), que describe cómo un individuo se envuelve en la “forma” al entrenar. “SHU” es el proceso por el cual seguimos las formas fielmente e intentamos dominar los fundamentos del arte. Es la llamada etapa de aprendizaje.
Puesto que los excelentes
predecesores hicieron un gran esfuerzo durante mucho tiempo por acumular la
forma, es natural seguirlos. Al mismo tiempo, es inevitable que pongamos algo
de nosotros mismos en la forma final, ya que entrenamos dentro de ella. Incluso si la forma es maravillosa, es inevitable que alguien
no se sienta del todo cómodo con ella, ya que cada forma ha nacido de
diferentes personas que tienen diferentes cualidades, cuerpos y experiencias
fundamentales en la vida.
Cuando profundizamos en el aprendizaje de la forma, las dificultades se presentan naturalmente. En este punto, debemos sentir el deseo de “romper la forma”, destruyendo la forma que hemos dominado. Esta es la etapa de “HA”. Sin embargo, “HA” no es un estadio de larga duración, ya que no es una situación soportada por un espíritu de creatividad. Cuanto más se rompe la forma, más vacíos nos sentimos. Nos encontramos con que somos alcanzados por “la forma”, mientras estamos rompiendo “la forma”. Queremos liberarnos de tal cautiverio y deseamos realizarlo con una mente verdaderamente libre.
jueves, 28 de febrero de 2013
Encuentro con Yamada Sensei
Por: Yesid Sierra. www.aikidomx.com
Antes de avanzar debo decir que soy
uno de los muchos alumnos de Yamada Sensei que han visitado su dojo en New York
como Uchi Deshi, por ciertos periodos de tiempo y de los que asiste
regularmente a sus seminarios. Tengo un dojo reconocido por él y en algunas
ocasiones tuve la suerte de disfrutar de las legendarias fiestas que ofrecía a
sus Uchi Deshi. Si a esto le sumamos que la relación entre alumno y maestro es
de ida y vuelta, y que cada quien se hace su propia idea del otro, debo admitir
que este texto es más mi impresión personal, mi opinión y mi sentir; que un
texto objetivo sobre una relación sensei – alumno. Con las palabras previas en
mente, en adelante diré lo que me gusta de ser alumno de Yamada Sensei y por consiguiente
algo de lo que he aprendido de esta relación.
Puntualidad y
responsabilidad
No se me olvida nunca uno de los días
que teníamos clase a las 6:45 am en el Dojo de New York. Llevábamos entrenando
unas cuantas jornadas junto con un grupo con el que habíamos decidido visitar
este Dojo. Un día de ellos se nos anunció que esa noche haríamos una reunión
con Yamada Sensei. Hubo vino, sushi, música latina y muchas risas. Recuerdo
haber contado deshis de todos los continentes en esa ocasión. Europa, América,
Oceanía, Asía y Europa estaban representados. Aunque después de la reunión,
Yamada Sensei había salido del New York Aikikai como a eso de las 3 am; poco
antes de las 6 am sentí sus pasos en el lugar. Yo dormía en uno de los sofás
cercanos a la entrada del dojo y por ello, su llegada fue evidente para mí.
Caminaba como si no hubiera sucedido nada la noche anterior, un hombre que casi
me doblaba la edad presto a dar la clase de las 6:45am. Yo luchaba con el
cansancio, el sueño y la resaca.
En todos los años que he seguido a
Yamada Sensei, no lo he visto llegar tarde una sola vez a sus clases, ya sean
sesiones de seminarios o en su Dojo de New York. Siempre está respirando o
relajándose unos minutos antes de iniciar. Puntualmente entra al tatami, camina
al frente del Kamiza, golpea suavemente su cintura con su mano derecha (los que
lo han visto sabrán a qué gesto me refiero), y puntualmente hace saludo a la
foto de O´Sensei. Desde mi perspectiva es una de los aprendizajes
que me ha dejado sin decirme una sola palabra. Con el ejemplo me ha enseñado la
importancia de ir al tatami a la hora comprometida. No importa lo que suceda
antes o después.
Flexibilidad
En mis viajes por los Dojos,
seminarios y escuelas de Aikido he visto en muchas ocasiones el síndrome de la
copia. Alumnos que parecieran buscar hacer el movimiento de manera exactamente igual
a su maestro. Maestros que exigen a sus estudiantes poner el pie así y los
brazos asá de tal manera que hasta los gestos faciales terminan siendo
similares. Cuando veo esto me pregunto ¿acaso el Aikido no es un arte? y como
tal está sujeto a las interpretaciones individuales. Simplemente no lo entiendo
pues yo no puedo imitar a un señor de 120 kilos o a una mujer de 50. Si a esto
le sumamos las diferentes edades, nuestra crianza y la cultura a la que
pertenecemos, la imitación es algo casi imposible y si se logra; desde mi punto
de vista; no es completamente la apropiación personal de un conocimiento.
En este sentido, Yamada Sensei no
tiene alumnos copia, o realmente muy pocos son copia de él[1]. He estudiado con algunos de sus más
viejos estudiantes dentro de los que se encuentran Harvey Konisberg, Peter
Bernath, Donovan Waite, sólo por mencionar unos cuantos de los más conocidos
pues en el mundo se cuentan por miles sus discípulos avanzados y en su Dojo sin
duda son más de 20 los instructores activos. Yamada Sensei habla poco de esto,
pero desde años atrás sus seminarios son ejemplo de expresión de diferentes
visiones. Al inicio de su llegada a EEUU trabajaron muy de cerca algunos de los
últimos alumnos internos de O´Sensei: Chiba Sensei, Kanai Sensei, Sugano Sensei
y Tamura Sensei. Todos con movimientos particulares y concepciones diferentes.
Se juntaban para dar seminarios y en esta mezcla los más beneficiados eran los
estudiantes que podían ver, interpretar, comprender y analizar diferentes miradas.
Los estudiantes de Yamada Sensei se
cuentan por miles al igual que sus expresiones del Aikido. Sensei Yamada
siempre ha promovido que sus estudiantes comprendan diferentes visiones y que
se apropien de ellas. De hecho él tiene una expresión que es “robar el
conocimiento” e invita a sus estudiantes a robar el conocimiento de los otros.
Además en varias ocasiones he sido testigo de que la palabra “estilo” en el
Aikido no le gusta.
Observando a la gran cantidad de
estudiantes de Yamada Sensei, te encuentras ante una gran diversidad, que
aunque parecen reflejos externos, es evidente que manejan y conocen a detalle
los principios del Aikido. Equilibrio, centro, fluidez, elegancia, armonía…
Yamada sensei ha sabido permitir que sus estudiantes descubran, comprendan y
expresen los principios del Aikido de maneras completamente diversas. Muchos de
sus estudiantes ya cuentan con un nombre propio en el mundo del Aikido y con
una interpretación del arte que ha dejado huella en muchas personas.
De nuevo y sin decir una palabra al
respecto, Yamada Sensei me ha enseñado que el Aikido es diverso, flexible pero
que es importante conservar ciertos fundamentos que hacen que la técnica sea
sólida.
Empatía y universalidad
Con los años Yamada Sensei cada vez
es más demandado en diversas ciudades del mundo para enseñar. La pregunta obvia
es ¿cómo le hace para que tantos estudiantes en el mundo lo quieran ver? Las
variables son diversas, carisma, profesionalismo, universalidad de su
enseñanza, y seguro las respuestas a la pregunta son muchas más. Yo me centraré
en dos características que veo en él.
Ves a Yamada Sensei dictar un
seminario y a sus más de 70 años sigue siendo estricto y cuidadoso pero aunque
en sus clases haya miles de personas tengo la seguridad de que muchas
y muchos sentimos o queremos pensar que la clase la está realizando
para nosotros. Camina por todo el tatami, corrige a algunas personas, observa y
trata de igual manera a todos. Sonríe y tanto a su llegada como a su salida
está presto a saludar informalmente. Permite que se tomen muchas, muchas fotos
y siempre busca que haya una referencia cercana de él. En ese sentido es un
gran ejemplo para quien quiere aprender un poco de relaciones públicas.
En cuanto a su Aikido es evidente que
es un gran didacta. Los movimientos que enseña pueden ser ejecutados por miles
de personas, sus explicaciones son accesibles y en ocasiones divertidas. Lo
anterior lo hace siempre preservando y enfatizando los principios del arte. Sin
duda su manera de enseñar Aikido es Universal. Tanto asiáticos como europeos de
oriente y occidente, americanos y personas de Oceanía siguen su enseñanza. El
Aikido de Yamada Sensei no tiene secretos ni gestos innecesarios y aunque es un
ser humano de cierta edad, es un Aikido físicamente exigente. Sus alumnos se
cuentan de todos los colores, sabores, tamaños y edades. Yamada Sensei es un
Aikidoca con un increíble don de gentes y su Aikido es Universal.
Mantener el espíritu y construir un
negocio
En algún momento muchos de los
practicantes terminamos enseñando. Generalmente comienza esto cuando tu Sensei
te pide que lo cubras en una clase. Poco a poco te vas dando cuenta que es
parte del proceso. Estar frente a un grupo es una de las muchas aristas del
aprendizaje. Luego, si tienes suerte, te piden que enseñes en otro lugar que ya
no es la escuela en donde aprendiste y si el viaje continúa terminas manejando
un Dojo.
Yamada Sensei en esto también tiene
mucho que enseñar. Su New York Aikikai, es quizá la escuela de Aikido más antigua
y exitosa de occidente y a esto se suma que es el cuartel general de la
Federación de Aikido de Estados Unidos, también una de las organizaciones más
fuertes de Aikido en el mundo. Tanto su dojo como su federación son ejemplo.
Lo digo pues ha sabido adaptarse a
las generaciones, ha sabido leer la cultura del momento y ha sabido hacer los
ajustes necesarios para que el crecimiento de su escuela no permita que se
dejen de conservar los principios de un Dojo tradicional. En su Dojo siempre
podrás encontrar Uchi Deshis comprometidos con el arte y estudiantes que llegan
silenciosamente a las clases minutos antes de iniciar. Al final de cada sesión
se limpia el tatami y las clases son reflejo de la calidad de enseñanza y de la
diversidad cultural del mundo en el que nos tocó vivir.
Al llegar al New York Aikikai sientes
esas ganas de quedarte, de saber que aprenderás mucho Aikido, que la tarea será
exigente pero que lo puedes lograr pues hay estudiantes de todos los colores,
sabores y tamaños. Sientes que puedes hacer amigos y que a la hora de hacer
Aikido estás haciendo un trabajo serio. El New York Aikikai es ejemplo de un
negocio próspero al servicio de la comunidad, pero en el que la apertura no ha
permitido que se pierda el arte. En esto también debemos aprender de Yamada
Sensei, en su capacidad de construir un Dojo saludable financieramente y en el
que se preserva el arte.
Las anteriores son sólo algunas de
las lecciones que quisiera explorar más profundamente de mi encuentro con
Yamada Sensei. Su puntualidad y responsabilidad; su flexibilidad; su empatía y
universalidad y su capacidad de construir una escuela como el New York Aikikai.
Parecen pocas, pero para mi son grandes e invaluables lecciones de un SENSEI.
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miércoles, 6 de febrero de 2013
La critica a los demás según el Hagakure
El Hagakure (葉隠 que significa "a la sombra de las hojas" o
"escondido en la vegetación") es una obra literaria japonesa escrita por Yamamoto Tsunetomo (1659-1719),
un samurái que en el siglo XVIII se retiró a las montañas para escribir las
reglas del bushidō, con la intención de que fueran útiles a las
generaciones venideras.
Se trata de un
compendio de los ideales de los bushi tradicionalistas.
En los años de Tsunetomo muchos bushi despreciaban las viejas usanzas de los de
su clase y se enriquecían con ardides considerados innobles por las personas
civilizadas del Japón de la era Tokugawa, como el comercio (en aquella
época los comerciantes eran el último eslabón de la pirámide social en Japón). Esto le movió a escribir este libro en
el que se describe por primera vez el bushidō, es decir el código guerrero de los samurái.
A continuación se presenta un
fragmento del hagakure que habla sobre la forma correcta de criticar o corregir
a otras personas.
La critica a los demás:
Reprender y
corregir a alguien por sus errores es importante. Este acto esencialmente
caritativo es la primera obligación del Samurai. Pero hay que esforzarse en
hacerlo de la manera conveniente. En efecto, es fácil encontrar cualidades y
defectos en la conducta del prójimo. También es igualmente fácil criticarlo.
La mayoría de las personas se imaginan que es por gentileza que dicen a los otros lo que no desean oír, y si alguna vez sus críticas son mal acogidas, piensan que los otros son incurables. Tal manera de pensar no es razonable. La misma da tan malos resultados como colocar a alguien en una situación embarazosa o bien como si alguien los insultara. Esto no es más que una mala manera de sacar lo que nos pesa en el corazón.
La mayoría de las personas se imaginan que es por gentileza que dicen a los otros lo que no desean oír, y si alguna vez sus críticas son mal acogidas, piensan que los otros son incurables. Tal manera de pensar no es razonable. La misma da tan malos resultados como colocar a alguien en una situación embarazosa o bien como si alguien los insultara. Esto no es más que una mala manera de sacar lo que nos pesa en el corazón.
La crítica sólo
debe intervenir después de haber discernido si la persona la aceptará o no,
después que uno se ha hecho amigo de ella, de haber compartido sus intereses y
de haberse comportado de manera tal que nos concede su entera confianza para
que tenga fe en nuestras palabras. Luego interviene el tacto. Hay que sentir el
buen momento y la buena manera de ejercer su crítica - por carta o al regresar
de una reunión particularmente agradable-. Hay que empezar comentando nuestras propias fallas y luego llevar a su interlocutor a comprender, sin pronunciar
más palabras de las necesarias.
Hay que alabar
sus méritos; esforzarse en darle ánimos, en preparar su humor; volverlo tan
receptivo a las observaciones del mismo modo que el hombre sediento lo es al
agua. Es entonces cuando hay que corregir sus errores. La crítica constructiva
es delicada.
Sé por
experiencia que las costumbres malas y antiguas, no ceden sin fuerza. Me parece
que la actitud más caritativa consiste, para todos los Samurais
al servicio de un mismo Daimyo, en ser benevolentes y amistosos los unos con los
otros, y corregir mutuamente sus errores para servir luego al Daimyo. Poniendo a
alguien voluntariamente en una situación embarazosa no se hace nada
constructivo. ¿Cómo puedes corregir a alguien si lo difamas?
Sobre el autor:
Yamamoto Tsunetomo (山本常朝 12 de junio de 1659-1719) fue
un samurái vasallo del clan Nabeshima, de la provincia Hizen.
Tuvo una frágil salud en su infancia, y, a la edad de nueve años, su señor, Nabeshima Mitsushige,
le tomó a su servicio.
Se dedicó durante treinta años a su señor y a su clan, llegando a convertirse en un guerrero samurái altamente respetado. Al llegar Yamamoto Tsunetomo a los cuarenta y un años de edad, en 1700, Nabeshima Mitsushige fallece. Tsunetomo no pudo tomar la vía del suicidio ritual, el seppuku, puesto que su señor lo había anulado como práctica en 1660.
Se dedicó durante treinta años a su señor y a su clan, llegando a convertirse en un guerrero samurái altamente respetado. Al llegar Yamamoto Tsunetomo a los cuarenta y un años de edad, en 1700, Nabeshima Mitsushige fallece. Tsunetomo no pudo tomar la vía del suicidio ritual, el seppuku, puesto que su señor lo había anulado como práctica en 1660.
Opta por retirarse, influenciado por el budismo y el confucionismo, a un monasterio cerca del
castillo de Saga, en Kyushu. Allí es donde, desde 1709 hasta 1716,
Yamamoto Tsunetomo se reúne con el joven Tashiro Tsuramoto, que unifica todas sus
lecciones en el Hagakure, El
Camino del Samurái, que pasa a ser su obra más conocida. El Hagakure se
guardó en secreto en el clan Nabeshima durante dos siglos, hasta que finalmente
se hizo público en la era Meiji. Desde
entonces, el Hagakure ha influenciando el desarrollo de una
cultura, así como ha servido de base para el bushidō.
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miércoles, 23 de enero de 2013
Orígenes y conductas en el Bushido
| Bushido |
El Bushido, que literalmente
significa "El Camino del Guerrero", se desarrolló en Japón entre las
eras Heian y Tokugawa (Siglo IX-XII d.C). El Bushido era el código, la ley, que
regía las vidas de los samuráis, una clase de guerreros similares militarmente
a los caballeros medievales europeos, pero radicalmente distintos a ellos en
sus vidas cotidianas, fuera de la guerra. Los samuráis seguían un ceremonial
específico cada día de su vida, así como en la guerra.
Los factores que hicieron el
Bushido son pocos y sencillos. Así de simple, el Bushido creó un modo de vida
para mantener unida a una nación a través de sus tiempos más problemáticos, a
través de guerras civiles, desesperación e incertidumbre. Nacido a la vez de la
filosofía, la religión y las artes marciales orientales, el Bushido encuentra
sus principales fuentes en las tres escuelas de pensamiento oriental más
influyentes del Japón feudal: el Budismo Zen, el Confucionismo y el Sintoísmo,
tres corrientes filosófico-religiosas que, durante mucho tiempo (y aún hoy en
día) dividirá a la población japonesa en confucionistas, budistas y sintoístas.
Sin embargo, en torno al siglo X d.C, estos tres pensamientos tan dispares y a
la vez tan parecidos entre sí concordarían para dar lugar a un código ético-moral-militar
único, tanto en su concepción como en su mensaje, pues este código pone el énfasis en la lealtad, el auto-sacrificio, la
justicia, el sentido de la vergüenza, la educación, la pureza de espíritu, la
modestia, la humildad, el espíritu marcial, el honor y el amor.
Del Budismo, el Bushido toma la
relación con el peligro y la muerte. El samurai no teme a la muerte ya que
cree, tal como enseña el Budismo, que tras la muerte se reencarnarán y volverán
a vivir otra vida en la tierra. Los samuráis son guerreros desde el instante en
que se transforman en samuráis hasta el momento de su muerte, ellos no tienen
miedo al peligro. Además a través del Zen, una escuela del budismo, se puede alcanzar
el definitivo "absoluto". La meditación Zen enseña como concentrarse
y alcanzar un nivel de pensamiento que no puede ser explicado con palabras. El
Zen enseña como conocerse a sí mismo y no limitarse. El samurai utilizaba esto
como una herramienta para desembarazarse del miedo, la inseguridad y finalmente
los errores. Estas debilidades podrían matarlo.
El Sintoísmo, otra doctrina japonesa,
da al Bushido su lealtad y patriotismo. El Sintoísmo [1] incluye la veneración a los ancestros, lo cual
hace a la Familia imperial la fuente de la nación. Esto da al Emperador una
reverencia casi divina. El es la representación del Cielo en la Tierra. Con
semejante lealtad, el samurai se compromete con el Emperador y a su Daimyo [2] o
señor feudal, samurai de mayor rango. El Sintoísmo también proporciona la
columna vertebral del patriotismo y el respeto hacia su propio país, Japón.
Ellos creen que la Tierra no está para satisfacer sus necesidades mundanas, es
la residencia sagrada de los dioses, los espíritus de sus antecesores... Bajo
este convencimiento La Tierra es así respetada, cuidada, protegida, alimentada
y amada por el hecho de estar haciendo uso de una maravilla que no les
pertenece.
El Confucionismo proporciona sus
creencias en las relaciones con el mundo humano, su entorno y su familia. El
Confucionismo da importancia a las 5 relaciones morales entre maestro y siervo,
padre e hijo, marido y esposa, hermanos mayor y menor, y amigo y amigo. Son
estas relaciones con los demás lo que persigue el samurai. Sin embargo el samurai
no está de acuerdo con muchos de los escritos de Confucio. El samurai cree que el
hombre no debe sentarse y pasarse todo el día leyendo libros, ni debería estar escribiendo
poesías todo el día: un intelectual especialista era considerado como una máquina.
En vez de eso el Bushido cree que el hombre y el universo fueron hechos para ser
semejantes tanto en espíritu como en actitud. Un samurai es pues un hombre de acción reflexivo.
Junto con esas virtudes, el
Bushido también sigue con sumo respeto la justicia, benevolencia, amor,
sinceridad, honestidad, y auto-control. La justicia es uno de los principales
factores en el código del samurai: caminos torcidos y acciones injustas son consideradas
denigrantes e inhumanas. El amor y benevolencia eran virtudes supremas y actos
dignos de un príncipe, no había mayor gloria para un samurai que la de poder ayudar
a los demás. La sinceridad y la honestidad eran tan valoradas como sus vidas. Bushi
no ichi-gon o "La palabra de un samurai" trasciende a un mero pacto
de confianza y completa fe. Cuando un samurai daba su palabra era su propia
vida lo que ponía como garantía, razón por la cual ningún pacto, tarea o misión
de un samurai fue jamás recogida por escrito. El samurai también necesitaba un completo auto-control y estoicismo para
ser totalmente honroso. No debían mostrar en público signos de dolor o alegría.
Soporta todo interiormente, ya que tiene prohibido gemir ni llorar. Siempre mostraba
un comportamiento calmado y una compostura mental que hacían que ninguna pasión
de ningún tipo debería interponerse. Esta educación tan dura era necesaria
para llegar a ser un verdadero y completo guerrero, y los samuráis lo
aceptaban.
En Japón la clase guerrera era
conocida como samuráis, también llamada bushi. Formaron una clase durante los
siglos IX y XII. Emergieron de las provincias de Japón para transformarse en la
clase gobernante, hasta su declive y total abolición en 1876, durante la era
Meiji. Los samuráis eran luchadores expertos en las artes marciales. Tenían
notable habilidad con el arco y la espada y también eran grandes jinetes. Pero
lo que de verdad fascinaba al pueblo llano japonés era su modo de vida, la
lealtad total del samurai a su Emperador y a su Daimyo. Los japoneses sabían
que los samuráis eran honestos y de total confianza, vivían vidas frugales sin
intereses en la riqueza y cosas materiales, pero con gran interés en el orgullo
y honor. Eran hombres de valor verdadero, los samuráis no temían a la muerte y
por eso entablaban batalla sin importar cuales fueran las dificultades. Morir
en la guerra reportaría honor a su familia y a su señor.
Pero sin duda, lo que más nos
impresiona a los occidentales de esta clase guerrera era la disposición que
tenían para morir, hasta el punto de que la única salida para un samurai derrotado
en combate y aún con vida, era el suicidio ritual: el seppuku. Seppuku [4], que
significa “desentrañamiento”, es un ritual sagrado por el cual una persona entrega
su vida a cambio de recuperar el honor perdido en vida. Este ritual consta de
dos fases, la primera es el corte en sí, un corte profundo en el vientre, de
izquierda a derecha y con un ligero descenso de la trayectoria, provocado con
una de las armas de la persona que desea restaurar su honor y efectuado siempre
por sí misma. La muerte se produce por la pérdida de sangre. El objetivo es que
la persona que efectúa el seppuku no sólo muera, sino que sus entrañas queden
expuestas, de ahí el nombre. La segunda fase es la decapitación del cuerpo ya
inerte, y debe hacerlo una persona querida de la persona que decide hacerse el
seppuku. En el caso de los samuráis, el que efectuaba la decapitación era otro
samurai amigo suyo. Esta forma de suicido también se realizaba cuando un samurai
iba a ser capturado e interrogado por el enemigo, aún cuando no hubiera sido derrotado
en combate. Los samuráis también recurrían al seppuku para dar ejemplo a sus
semejantes (en particular a sus superiores), pues si un samurai recibía una
orden de su Daimyo con la que no estaba de acuerdo, el samurai no podía negarse
a cumplirla, excepto claro si recurría al seppuku para advertir con su muerte
al Daimyo de lo erróneo de su conducta: debe ser duro para un general de campo
ver como tus hombres prefieren morir a cumplir tus órdenes. No es de extrañar,
y es que un samurai preferiría matarse a si mismo antes que traer deshonor y
desgracia al nombre de su familia y a su Señor. Esto era considerado un acto de
verdadero honor.
Y así, con este código de
conducta tan duro y a la vez tan coherente, los samuráis alcanzaron su máximo
esplendor durante los años 1400 y 1500 d. c. En torno al 1600 los distintos
feudos del Japón se unieron por fin, y con ello la paz llegó al país del Sol Naciente,
las batallas habían cesado por fin. Entonces, avanzado el final de la era Tokugawa,
entre el 1700 y 1800 d.C, Japón comenzó a abrirse al resto del mundo y se encaminó
hacia una vida más modernizada, mas "occidental", un mundo donde los samuráis
(convertidos ahora en poco más que justicieros nómadas) ya no tenían cabida. Los
samuráis y su modo de vida fueron oficialmente abolidos en los primeros años de
1870. No había lugar para los hombres de honor, para los guerreros, para los
samuráis…y con todo no han sido olvidados, es algo que da que pensar.
[1] El Sintoísmo es, hoy día, la
religión dominante de Japón. Es una de las facetas japonesas que más choca a
los occidentales, sobre todo esa veneración y respeto a los muertos. Es más, en
Japón no creen en fantasmas, están convencidos de su existencia como entes
malignos de personas innobles atrapadas entre los dos mundos. Todas esas
películas japonesas de fantasmas que ahora están tan en boga no son más que historias
y leyendas reales (en el sentido de que se han contado) que han circulado
durante años en Japón.
[2] Título con que se designaba a
los samuráis de mayor rango, generalmente nobles y señores feudales japoneses,
que seguían a su vez el código Bushido. Su figura era la contraposición de los
Shogun, los dictadores japoneses que gobernaron el país hasta mediados del siglo XIX, aunque se sabe que
más de un Daimyo cedió al poder y abandonó el código Bushido para abrazar los
excesos y riquezas del shogunado.
[3] El ninja o shinobi era otra
clase de guerrero japonés. La clase shinobi era la encargada del espionaje y de
cometer asesinatos sin ser vistos. Esta metodología de lucha era muy mal vista
y por eso los guerreros ninja gozaban de muy mala fama. Sin embargo se sabe
que, al igual que los bushi, los shinobi poseían su propio código de honor, el
ninpo, y que llegar a ser shinobi exigía tanto sacrificio y dedicación como la necesaria
para llegar a ser un samurai.
[4] También conocido como
Hara-Kiri.
Fuente: http://img7.xooimage.com/files/c/4/7/an-nimo_-_bushido..._samurai-1496a85.pdf
miércoles, 2 de enero de 2013
Shomenuchi Ikkyo: ¿Contrario a los principios del Aikido?
Shomenuchi Ikkyo es probablemente
la más practicada de todas las técnicas de Aikido. Muchos instructores
consideran esta técnica como el pilar de los principios del Aikido y a menudo
comienza sus sesiones de práctica con Shomenuchi Ikkyo Omote. Además, es sabido
que el fundador lo enseñó extensamente antes y después de la guerra. ¿Cómo se
practica hoy en día esta técnica, típicamente en los dojos de aikido? Uke
inicia el ataque con un golpe de shomenuchi a tori. Tori recibe el golpe,
empuja hacia atrás o al costado el brazo del atacante, mientras da un paso
adelante con el pie trasero, para desequilibrar al atacante, y finalmente
aplica ikkyo. Esta es, por supuesto, una descripción muy simplificada de lo que
es verdaderamente un proceso físico complejo, pero cualquier aikidoka
reconocerá la pauta de movimientos a la que me refiero.
Durante los años, he practicado esta técnica de la
manera que he descrito arriba, en clases dictadas por numerosos maestros. Yo
siempre he encontrado shomenuchi ikkyo omote, difícil de ejecutar suavemente,
desde que la sincronización para encontrar el ataque de shomenuchi es crítica.
Si uno se demora una fracción de segundo en responder al golpe atacante, la
técnica puede llegar a ser un choque de fuerzas opuestas, que acaba en una
batalla por determinar quién tiene las caderas más fijas o la mayor fuerza de
brazo y hombro.
Al contrario de otras técnicas básicas de Aikido,
tal como el yokomenuchi shihonage, o con el munetsuki kotegaeshi, y con
numerosas otras técnicas, donde el idea es quitarse a sí mismo de la línea de
ataque, uniéndose con el poder entrante, para poder entonces aplicar una
técnica apropiada, seguida de una torsión. Aquí la fuerza no es la mayor
consideración desde que la técnica no implica confrontación directa. Tales
técnicas son claramente “apreciadas como aiki” en su manifestación física. Por
largo tiempo yo atribuí mi dificultad a ejecutar shomenuchi ikkyo a mi
incapacidad para captar el concepto fundamental o a una técnica generalmente
pobre. Entonces en 1973, 11 años después de comenzar el Aikido, fui expuesto a
un método diferente de práctica. Estuve entrenando un mes en Shingu, en la
Prefectura de Wakayama, con Michio Hikitsuchi Sensei. El enfoque de Sensei
Hikitsuchi implicó que tori verdaderamente iniciara la técnica, un atemi a la
cabeza del uke. Uke, era forzado a proteger su cabeza bloqueando el atemi, y
entonces, desde que era desequilibrado, era tirado fácilmente.
Practicar de esta manera fue nuevo a mí y, no lo disfruté. El
ritmo de entrenamiento era muy rápido y, en el papel de uke, tan pronto como me
levantaba, después de ser tirado, la mano del compañero estaba otra vez en mi
cara. ¿Pensé a mi mismo, “Cómo puede ser esto Aikido, si yo, el atacante, soy
atacado?” Unos pocos años después en 1977, me mude permanentemente a
Japón y entrené en el Dojo de Iwama bajo Morihiro Saito Sensei. Allí shomenuchi
ikkyo se practicaba de manera semejante. Tori iniciaba la técnica con un atemi,
uke bloqueaba y era tirado luego para ser inmovilizado. Saito Sensei declaró
que esta era la técnica tal y cómo fue enseñada por el fundador Morihei Ueshiba
en los años siguientes a la segunda Guerra mundial. Yo me acostumbré finalmente
al shomenuchi ikkyo practicado de esta manera y no experimenté mayor dificultad
para ejecutar la técnica.
Posteriormente en 1981 al entrevistar a uno de los uchideshi de
la preguerra de Morihei Ueshiba Sensei, yo vi por la primera vez el manual
técnico Budo al que nosotros hemos aludido a menudo en las páginas del Aiki
News.
El
fundador describe la ejecución correcta del shomenuchi ikkyo en las siguientes
palabras: “1) Avanzar la pierna derecha y golpear a la cara del compañero con
la mano derecha. El compañero bloquea con su mano derecha. 2) Agarrar la muñeca
derecha del compañero con su mano derecha y su codo
firmemente también con la mano izquierda. 3) Torcer las caderas,
llevar abajo el brazo del compañero, en una espiral y enfrente de usted,
entonces dar un paso profundo con su pierna izquierda. 4) Llevar la pierna
derecha hacia adelante. 5) Apretar la rodilla izquierda en la axila derecha del
compañero y, con su mano derecha que esta agarra la muñeca, extender el brazo e
inmovilizar” (AN#48, las págs. 8-9).
Es bastante claro cómo el fundador realizó esta importante técnica
básica en 1938 cuándo el libro Budo fue publicado. Algunos quizás digan que las
técnicas publicadas en este manual representan aiki budo de preguerra y que las
técnicas del fundador cambiaron después de la guerra. Eso sería correcto, pero
sólo hasta cierto punto. Hay evidencia clara que O´Sensei enseñó muchas
técnicas básicas de Aikido de una manera muy semejante a su estilo de la
preguerra aún después de la guerra y durante el período de Iwama y por lo menos
hasta mediados de los 50s. En las películas del fundador durante sus años
finales, él ejecuta shomenuchi ikkyo omote sin mover mucho los pies, pero él
nunca esperaba al atacante para lanzar un poderoso golpe arriba. El siempre
estaba adelante en el ataque y nunca chocaba con uke. Atribuyo su falta de
juego de piernas y taisabaki poco claro, vistos durante esta etapa tardía de su
vida, a su edad avanzada y la consecuente incapacidad de moverse tan libremente
como lo hizo una vez.
Personalmente considero las explicaciones del fundador de las
técnicas básicas contenidas en las páginas de Budo, y tal como fueron enseñadas
durante los años de Iwama, la “gramática” del Aikido.
Raramente el Aikido es enseñado de esta manera hoy en
día, pero nuestra comprensión histórica del arte ha avanzado al grado en que la
metodología técnica y pedagógica de Morihei Ueshiba ha sido bien documentada.
Que estos métodos se consideren todavía importantes para el Aikido, es
evidenciado por la autorización por parte del Doshu Kisshomaru Ueshiba para la
publicación de una traducción inglesa del libro Budo por la prestigiosa casa
Kodansha que lo publica. Además, se espera pronto una inminente reedición del
libro en idioma japonés. El Aikido, a causa de su extraordinaria característica
como un arte marcial ético, parece destinado a atraer un numero cada vez más
mayor de seguidores a través del mundo.
Por lo tanto, su contenido técnico estará bajo cercano escrutinio,
y el arte, para bien o para mal, será comparado con otras artes marciales. Si
la base para efectuar tales comparaciones con otras artes, son las técnicas
practicadas de una manera informal, como técnicas de baile, que ignoran los
principios marciales fundamentales del Aikido de Morihei Ueshiba, me temo que
el Aikido se encuentra gravemente falto de sentido técnico. Los practicantes
avanzados de Aikido, y especialmente los dojos operativos, se deben a sí mismos
y al arte una reevaluación progresiva del contenido de su
instrucción básica ¿Los ataques durante la práctica son sinceros y
energéticos? ¿Se rompe el equilibrio del atacante antes de aplicar la presión o
ejecutar un lanzamiento? ¿Se ejecuta el lanzamiento limpiamente y es seguido
con un movimiento efectivo de inmovilización que impide algún escape? Estas son
las cosas que siempre deben ser tenidas en cuenta. Y finalmente, aunque
nosotros no podamos aprender más directamente del fundador, su legado permanece
para todo que el que desee tomar el problema para explorar el genio de sus
teorías y técnicas.
Por Stanley Pranin
Aiki News #91 (Spring
1992)
Traducido por Aikido Journal
Fuente: http://www.facebook.com/notes/aikido-universitas/shomenuchi-ikkyo-contrario-a-los-principios-del-aikido/561588983868045
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